Inicia con honrar el cuerpo, con el cuidado de uno mismo.
Quien
vive agotado, hambriento o enfermo, difícilmente pueda pensarse
libre.
La plenitud exige una amistad con el propio cuerpo.
Confianza con el entorno
Vivir sin una amenaza continua.
Requiere un mínimo de confianza en el mundo. No absoluta, pero suficiente para no vivir a la defensiva todo el tiempo.
Cuando todo es peligro inminente, la conciencia se estrecha: no podemos contemplar, crear, amar, pensar con calma.
Ser un ser
Sentir que uno importa y que otros nos importan de verdad.
Una interdependencia, necesitamos a otros, sin disolvernos en ellos.
Ser amado como alguien irrepetible.
Decir “no estoy solo”, y no usar a los otros como simple remedio para el vacío.
Valorarse
Sentir que la vida tiene peso.
Reconocer los límites y, aun así, considerarse digno.
No vivir esclavo del reconocimiento externo.
Buscar excelencia sin convertirse en tirano.
Fiel a uno mismo.
Vivir como uno es.
No es imitar un modelo de felicidad ajeno.
Una actividad que no solo pague las cuenta sino que resuena con lo que eres.
Un modo de estar en el mundo que no te traicione a ti mismo.
Una vida en equilibrio no termina, esta en movimiento continuo: ajustar, cuidar, revisar, volver a empezar.
Reconocer que somos seres necesitados, finitos y, conscientes de buscar una forma de vida que haga justicia a todo lo que somos.
Areli R.Z.
Una vida consciente, implica tomar decisiones informadas y reflexivas, considerando tanto el bienestar personal como el impacto en el entorno. Yonny R.H.